Cuando cerramos el Corazón…

Cuando las cosas no resultan como las esperábamos…

Cuando nuestra realidad se vuelve desordenada ante nuestros ojos y perdemos el supuesto control que teníamos sobre ella…

Cuando nos encontramos perdidos y a la deriva…

Cuando la sensación de incertidumbre nos adentra en un ahogo silencioso…

Cuando sentimos un volcán en ebullición por dentro que se ve reflejado en actitudes de discordia, peleas y enojos constantes…

Cuando perdemos de vista nuestros propósitos y ni siquiera podemos llegar a recordarlos…

Cuando nos sentimos abatidos ante determinados procesos de la vida…

Cuando dejamos de dar y nada de lo que recibimos nos es suficiente…

Cuando nos arraigamos a emociones del pasado…

Cuando nos resignamos a esperar que las cosas simplemente pasen, sin conciencia, sin propósito y sin esperanza…

Cuando obviamos todo lo aprendido e ignoramos el aprendizaje de cada experiencia…

Cuando solo queremos escapar de todo…

Cuando vivimos enojados…

Cuando caemos y dejamos de creer…corazon cerrado

Cuando cerramos el corazón y nos alejamos de todo…

Perdemos la conexión con la magia, con la vida, con el Dios que mora internamente en cada alma del mundo…

El alma padece esa distancia interior que generamos con nosotros mismos, enquistando aquellas actitudes que fomentan e incrementan aún más ese distanciamiento…

Perdemos nuestro propio brillo, opacamos nuestra propia luz…

Conscientemente nos sumergimos en esta agonía y cada vez encontramos más difícil emprender el camino de regreso…

Pero justamente es nuestra conciencia quien opera como alerta, sugiriéndonos constantemente que volvamos a reencontrarnos con nosotros mismos, retomando el contacto con la fuente, con los maestros y las señales de la vida…

En cada oportunidad en la que me sentí tan perdida, mi mayor refugio fue reencontrarme conmigo misma, escucharme, observarme, dando así el primer paso para transmutar e iluminar cada una de las partes de mi interior que se fueron oscureciendo por aquellas emociones que se fueron acumulando en mi interior.

Cuando una experiencia nos pone cara a cara con nuestras miserias, podemos ignorarlas y autoengañarnos o bien podemos adentrarnos en ella para poder trascenderlas…

La pérdida de observación de uno mismo trabaja para ese autoengaño…

Parece sorprendente que una vez incorporado el hábito de observarnos, aun así existan mecanismos en la mente que puedan trabajar para alejarnos de la realidad.

La atenta observación de nuestro interior es una constante necesaria y fundamental para sostener una íntegra conexión con la vida.images (2)

Solo al viajar hacia interior de mi propio ser, hacia la búsqueda de ese reencuentro conmigo misma, puedo recuperar mi propio lugar de conexión, conciencia y amor, ese sagrado lugar en donde la búsqueda de la transformación es siempre una constante…

Pero la falta de comprensión de ciertas causas y la aceptación superficial de los procesos colaboran para que surjan nuevamente actitudes y mecanismos del pasado basados en el sufrimiento.

Actitudes que reflejan la falta de aceptación de la realidad tal como la vida la está auspiciando…

Solo al volver a observarme puedo comprender que alimentar internamente esas actitudes, solo genera un mayor dolor y una mayor distancia, con los otros y conmigo misma, fomentando actitudes posesivas y caprichosas en mi personalidad.

Como las cosas no son como yo quiero que sean y no acepto cada proceso de forma consciente, otro mecanismo aparece que termina por entablar la distancia interior que voy experimentando a medida que sostengo estas actitudes que no son afines a la voluntad del alma…

Cierro el corazón y así, toda mi realidad se endurece, se apaga y dejo de ser yo misma…

Retiro la conciencia del amor y la densidad que me invade es tan visible y profunda que todo a mi alrededor toma ese turbio color a oscuridad…

Busco cerrar el corazón para no sufrir y absurdamente esta actitud es la fuente principal que alimenta el sufrimiento que estoy experimentando…

Pero esa es la magia y el poder de la observación, nos enfrenta con nosotros mismos y ante la presencia de la verdad, la búsqueda del cambio se vuelve una necesidad…

Cuando aprendemos a observarnos y reflexionamos sobre lo que vemos, comenzamos a emprender el viaje de regreso a nosotros mismos…

Un viaje que comienza con la aceptación, aquella que negué y quise ignorar, se vuelve la plataforma fundamental para volver a conectarme conmigo, con el otro y con la vida misma.

Aceptar con humildad cada proceso sin rebeldías ni caprichos que me corran de mi sagrado lugar interior…

Aceptar que todo brinda un aprendizaje que me fortalece y prepara para procesos y experiencias futuras…

Aceptar que cada uno es libre para construir su propia realidad…

Perdonar mi propia dificultad para perdonar al otro…

Aceptar y perdonar…

Perdonar y perdonarnos…

Perdonar el estancamiento que nos genera cada actitud que vacía nuestro interior, perdiendo la conexión vital con el alma…

El perdonar sincera y profundamente es nada más y nada menos que un gran acto de amor que aflora en nosotros cuando la aceptación es real y el perdón es verdadero…

Un amor con la fuerza y el poder suficientes para abrir aquel corazón que fue escondido y cerrado como resultado de los miedos, caprichos y enojos que solo interfieren con la voluntad del alma…

Tomar conciencia de que estamos abriendo nuevamente el corazón es una experiencia llena de magia, donde la fuente de vida comienza a emanar nuevamente su plenitud, llenando nuestro interior de paz y armonía.

Una paz que no tenía lugar ante una actitud rebelde y enceguecida por la voluntad no satisfecha de la personalidad.

corazon

Cuando el corazón se abre y lo dejamos ser, tal como él lo necesita, la visión de la realidad cambia y recupera su color porque es el amor quien recupera su lugar en nuestra vida.

Un amor eterno que fluye por nuestro interior, sanando y comprendiendo el todo, sin condiciones, sin expectativas ni restricciones…

Un amor consciente e íntegro para aceptar y perdonar más allá de lo que se encuentre en el camino…

Un amor que lo da todo y aprendió a no esperar nada porque nada necesita más que la propia conciencia de  que es el amor la única manera de sembrar y cosechar más amor en una vida que busca su propia transformación…

Cuando abrimos el corazón, la realidad que construimos se concibe en base a la presencia del amor en nuestra vida como una constante, un factor tangible y real de nuestra existencia.

La conciencia del amor que despierta en nosotros cuando abrimos el corazón, nos enseña que no necesitamos recibir amor para poder darlo, porque ya nos volvemos seres completos…

Cuando amamos, aceptamos…

Cuando amamos, perdonamos…

Cuando amar es nuestro propósito, amor es lo que estamos sembrando en el mundo…

El amor consciente no teme, no duda y no especula…

El amor consciente comprende lo que la razón no llega a comprender y acepta lo que nuestra personalidad considera inaceptable…

El amor consciente es un amor que no puede medirse con las lógicas humanas bajo las cuales está sometido…

El amor consciente es libre, infinito y eterno…

El amor nos nutre de fe y esperanza, nos conecta y nos da la claridad necesaria para observar nuestra realidad y transformarla…

La conciencia del amor me devuelve la fe y cuando creo, confío…

Confiar nutre mi realidad de más amor, purificando todo pensamiento que no trabaje para los propósitos del alma.

Abrir el corazón me desafía a vivir una vida donde lo extraordinario se vuelve ordinario…

Donde la magia está siempre presente…

Donde las experiencias son aprendizajes para transformar mi interior…

Donde el servicio es parte de mi destino…

Donde cada paso que doy, es de la mano de las señales y las sincronicidades de la vida para cumplir cada uno de los propósitos que aguardan pacientemente en el interior de mi alma, esperando por mi transformación…

Dar cada día ese primer paso desde la observación y la reflexión, abriendo el corazón a cada experiencia que la vida ponga en nuestro camino…

Abrir el corazón para que el amor sea la luz que guíe nuestra realidad, confiando con la certeza y la convicción que nace desde alma, buscando alcanzar su más anhelada iluminación…

amor-infinito

Anuncios

La Muerte del Pasado

Aceptar la muerte…

Un nuevo desafío que se desprende de la mano de esta enseñanza, invitándonos a ganar un nuevo y sagrado nivel de transformación.

Aprender a observarnos sin condenar y sin justificar lo observado para conocernos, para descubrir las verdades de nosotros mismos que se esconden internamente.

Nuestras virtudes y miserias, alumbradas ante la luz y la conciencia del alma.

Cuando la vida nos despierta y la verdad queda de manifiesto ante nuestros ojos, ha llegado el momento de aceptar que, para que lo nuevo nazca y emerja en nuestro interior, una parte nuestra necesariamente, ha de morir…

Aceptar y resignificar nuestra propia muerte a través de la transformación de cada uno de nuestros hábitos y modos que inconscientemente, nos alejan de nuestros sueños y propósitos, incrementando la distancia con nuestra propia alma…

transformacionComprender la muerte como la esperanza de un nuevo despertar, como el punto de inflexión en el presente que nos precipita y conecta con un inminente futuro…

La aceptación como paso primero para alcanzar un nuevo nivel de gravedad y profundidad en nuestro proceso de auto-conocimiento, enfrentando la verdad de nuestra propia historia, dejando de manifiesto el karma de una vida que trasciende los milenios en búsqueda de su sagrada liberación.

Cuando observamos nuestra realidad; un día a día marcado por la rutina y los hábitos de un sistema que trabaja para adormecernos, arrebatando de las manos del dormido todo sueño y esperanza de libertad posible, el anhelo de liberación se hace cada vez más presente para aquella vida carente de significado y conexión.

Solo el atrevernos a morir a esa realidad construida desde la ignorancia, podremos alcanzar la verdadera esencia de la libertad…

Sera nuestra propia conciencia y evolución la que nos acerque a este punto de inflexión, que nos enfrenta a un instante sin tiempo, donde el pasado, el presente y el futuro se funden en la comunión del alma con su propia esencia…

El cuerpo, la materia como gran portadora del alma, ha de encontrarse consigo misma en ese momento de conexión con los cielos…

Morir para recordarse…

Morir para reencontrarse…

Aprender a interpretar la muerte de lo que fue…

Una muerte que representa la mayor de las esperanzas para nuestra humana condición porque en ella se esconde la verdadera posibilidad de evolución para toda la humanidad.

Una muerte que ha de transmutarse radicalmente en el despertar de una vida que ha decidido avanzar en el camino de la verdad y el auto-conocimiento.

Un camino donde el amor y el respeto han de manifestarse como la principal fuente de convicción para sostener con la integridad del alma la promesa de alcanzar nuestra mayor transformación posible…nenes ayudandose

Un camino donde el servicio se vuelve nuestro mayor compromiso, donde el anhelo de servir al otro es marcado por la luz que cada individuo sea capaz de transmitir…

Una luz que posee el poder que esta enseñanza le otorga a cada individuo que decide comprometer su vida al ejercicio de su propia transformación…

Un futuro lleno de esperanza y amor ha de manifestarse ante los ojos de quienes hayan muerto y renacido a esta nueva realidad…

La resistencia a la muerte solo ha de alejar esta oportunidad de nosotros…

La excesiva conservación de aquello que conscientemente sabemos que ha de morir sólo tendrá como resultado el mismo y conocido sufrimiento que ha marcado por siglos la existencia de nuestra humanidad.

Seamos valientes para caminar con integridad y convicción en nuestro corazón hacia la muerte de aquella realidad de agonizante dolor que hasta hoy, fuimos construyendo…

Desde este punto, donde el pasado busca impacientemente su absolución, sólo la aceptación y el perdón han de hacernos libres…

Aceptación de lo que fue…

Comprensión de lo que hoy es, como resultado de lo que hasta ayer supo ser…

Y la redención como único camino hacia la liberación de todos los pasados que cada individuo ha de guardar en el interior de su ser, buscando y anhelando la llegada de este momento de iluminación y despertar.

El pasado que ha de morir será el salto para adentrarnos a una nueva realidad de amor y servicio con el único y gran propósito de expandir nuestra luz a todo ser que forme parte de nuestra necesitada humanidad…

Un salto que daremos para despertar en una nueva realidad que hemos de construir con la conciencia de lo aprendido, desde la propia observación interior, donde se encuentran las grandes verdades que se esconden en lo profundo de cada ser…

Despertarnos a una nueva existencia, a un nuevo mundo, donde cada pensamiento, cada emoción y cada reflexión trabajan para alcanzar nuestra evolución, la evolución de toda la humanidad.

Un nuevo mundo en donde finalmente seamos libres…

Libres de egos e individualismos, transmutados enunidad y hermandad…

Libres de la competencia y especulación, transformados en cooperación y servicio…

Libres de temores y miedos porque ahora son comprendidos como grandes oportunidades de aprendizaje y crecimiento…

Un nuevo mundo de amor y conciencia que de nosotros mismos depende su creación y su existencia…

Aceptemos el desafío de morir para renacer y despertar ante la más sagrada realidad que seamos capaces de construir…

Mundo1